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Tiene una licenciatura en Economía y Sociología y una maestría y un doctorado (Ph.D.) en Sociología con especialidad en Demografía. Tiene más de 20 años de laborar en el área de política social y de desarrollo. Durante catorce años laboró en instituciones de gobierno, en donde se desempeñó en las áreas de planificación, política social y relaciones internacionales, desde cuyas posiciones fungió como contraparte del Sistema de Naciones Unidas. Participó desde sus inicios en el proceso de integración social centroamericana. Ha laborado también con organizaciones de cooperación para el desarrollo, desde las cuales ha apoyado a instituciones de la mujer y los ministerios de educación y salud, así como a poblaciones excluidas por pobreza, género, diversidad sexual y discapacidad en El Salvador, en la región centroamericana, República Dominicana y Paraguay. Desde hace seis años trabaja en el Fondo de Población de las Naciones Unidas, en donde ha colaborado activamente en el proceso de Unidos en la Acción (Delivering as One).

¡No puedo imaginarlo! ¿Cómo enfrentar la vida a los 17 años y con 3 hijos?

Recientemente, el Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas (UNFPA) presentó junto a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO Guatemala) y el Ministerio de Salud, el estudio ¡Me cambió la vida! Uniones tempranas, matrimonios y vulneración de derechos en las adolescentes.

Esta inmersión en la realidad nos indicó que las niñas viven cadenas de violencia, discriminación y desvaloración desde la infancia, lo cual les cierran las oportunidades al llegar a la adolescencia, cuando entran en uniones de hecho y matrimonios de manera forzada.

Niñas desde los 12 años son obligadas a uniones y matrimonios tempranos, con hombres en promedio 7 años mayores que ellas, incluso algunos de ellos les duplican o triplican la edad. De cada 10 niñas encuestadas, solamente una pudo seguir estudiando; únicamente 2 de ellas pudieron encontrar un trabajo remunerado fuera del hogar y 47 por ciento reportó su tercer o cuarto embarazo antes de los 19 años.

Si enfrentar la vida con un hijo o una hija a tan corta edad se puede convertir en una misión imposible en esas circunstancias ¿cómo podrá ser enfrentar la vida a esa edad con tres? Un ejemplo de esto lo constituye la madre de un niño de 1 año y 5 meses que falleció hace pocos días, a su llegada al centro de salud de la zona 6, ingresado con un cuadro de desnutrición.

Según la información publicada en los medios de comunicación, se puede deducir que ella fue madre por primera vez a los 14 años; a los 15, fue madre nuevamente del niño que falleció y actualmente, está embarazada por tercera ocasión, sin haber llegado aún a la mayoría de edad.

Sin empatía y sin partir del ámbito de las políticas públicas, es imposible dar respuesta a este y a los 17 mil 238 casos de segundo, tercer, cuarto y quinto embarazo en la adolescencia (INE 2014), que ponen en riesgo no solo la salud, sino la vida y oportunidades de desarrollo de miles de niñas y adolescentes del país.

Reconocer la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres en todas sus manifestaciones es el primer paso para luchar contra este obstáculo y flagrante violación a los derechos humanos; educarse como sociedad para la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, es el siguiente.

Cuando niñas y adolescentes, sin importar su origen, tengan las herramientas para acceder a las oportunidades educativas de calidad, a la participación, la información y servicios de salud para tomar decisiones informadas, las comunidades y el país estarán listos para construir un desarrollo incluyente y equitativo.

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